Como extensión de la traducción, una de mis mayores pasiones es la terminología. Sabemos que dentro de la terminología médica la mayor parte de unidades lingüísticas que componen de las palabras proceden del griego antiguo y del latín, aunque la lengua clásica helena se lleve el trofeo de ser la más presente en nuestros diccionarios especializados. Esto significa que, indirectamente, tanto los médicos como los traductores médicos sabemos más griego antiguo del que pensamos, pero siempre salvando la enorme distancia que hay entre conocer las raíces etimológicas de una parte del vocabulario especializado de una lengua y dominar una lengua clásica como es el griego antiguo, que además es complejísima. Y lo afirmo desde el lugar de una traductora que estudia griego moderno con cierta pretensión de poder traducir en un futuro desde la lengua que se utiliza en la actualidad en Grecia.

Pues bien, hoy os presento la primera entrada de lo que va a ser el «Glosario de medicina poética» de mi blog: palabras del español médico que, desde mi punto de vista, son especialmente hermosas tanto por lo que significan por sí mismas como por su etimología.

Así que vamos a entrar en materia. El término que hoy os presento es “galactopoyesis”, que la Real Academia Nacional de Medicina define como «producción de leche por las glándulas mamarias», distinguiendo entre “galactogénesis” o «inicio de la secreción láctea» y “galactopoyesis” o «mantenimiento de la secreción láctea». Ojo, porque la Real Academia de Medicina nos dice que γάλακτος es leche, pero hay que tener en cuenta que en griego clásico puede ser tanto la forma de genitivo singular de γάλα (“leche” o “lactancia”, en nominativo y acusativo) como referirse, directamente en una de sus acepciones, a la Vía Láctea. Es decir, que Aristóteles ya utilizaba la palabra γάλακτος para hablar de ese aparente camino de estrellas que vemos en el cielo.

Bueno, ¿pero de dónde procede la relación entre los puntos de luz que vemos en los cielos de la noche y la leche? Podría tratarse de una alegoría visual, pero la etimología en realidad nos remonta a la mitología griega y al mito de creación de la Vía Láctea que, para no variar, está relacionado con Zeus y sus múltiples infidelidades a la airada diosa Hera. En este caso, además, está también unido al nacimiento de Heracles. Hay dos versiones del mito, pero la más extendida relata que Zeus, empeñado en que Heracles abandonara su condición de mortal, puso al niño en el lecho de Hera mientras ella dormía para que este se alimentara de su leche y se volviera, así, immortal. Hera, al despertarse, rechazó al niño con un movimiento brusco que salpicó el cielo con gotas de leche de la diosa. Pintores como Rubens o Tintoretto retrataron parte de la escena, siendo la obra de Tintoretto (El origen de la Vía Láctea, de 1575) mi favorita. Por cierto, en griego moderno se sigue usando γάλα para referirse, simplemente, a la leche.

El origen de la Vía Láctea, Tintoretto, 1575

Pero no nos olvidemos de “-poyesis”, que la Real Academia Nacional de Medicina traduce como “producción”. ¿Os suena de algo “-poyesis” que, por cierto, en griego no se pronuncia así? Efectivamente, ποίησις significa “creación”, pero también “poesía” o “composición”. Hay otras palabras en griego clásico que podrían hablar de producción o expulsión (como ἐκβολή), pero en este caso se escogió ποίησις. En este contexto me gusta más traducirla como “creación”, aunque efectivamente en terminología médica haga referencia a la producción de leche por parte de las glándulas mamarias. Es decir, que si tradujéramos “galactopoyesis” de manera literal a partir del griego antiguo, sería más acertado traducirlo como “creación de leche” o “creación de la lactancia”. ¿No os parece un término precioso?

Para la elaboración de esta entrada me he apoyado en Dicciogriego, diccionario didáctico interactivo griego <> español y en el imprescindible diccionario de la Real Academia Nacional de Medicina.

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