En estos últimos meses estoy descubriendo que el Dicciomed: Diccionario médico-biológico, histórico y etimológico se está posicionando como uno de mis diccionarios favoritos. Algunas veces recurro a él para mi trabajo junto al Libro rojo de Fernando Navarro o el Diccionario de la Real Academia Nacional de Medicina (entre otros muchos recursos), pero debo decir que el Dicciomed me ha robado mi corazón traductoril. Y es que los diccionarios etimológicos son mi perdición desde que me enamoré del clásico diccionario de Joan Corominas.

Los diccionarios etimológicos, además de cumplir con esa maravillosa facultad de que pasen y pasen las horas mientras te quedas enfrascada en la cantidad de información que ofrecen, son así de absorbentes porque lo que hacen es contarnos historias. Nos relatan cómo han viajado las palabras y cómo los seres humanos, a lo largo de los siglos, han migrado términos de ciertos campos que han acabado en otros, a menudo, por analogía visual. Y esto es de lo que vamos a hablar hoy en esta entrada.

Una de las ciencias que más me fascina es la botánica (del griego βοτανή, que significa literalmente «hierba, pasto o forraje» y cuyo uso se extendió desde el siglo V a. C.). Los diccionarios de botánica me parecen una unión perfecta entre ciencia y literatura por la belleza de sus entradas y de la terminología que emplean. En español, el Diccionario de botánica de Pio Font Quer es un clásico imprescindible.

Pues bien, embelesada como estaba el otro día navegando por las entradas de Dicciomed me encontré con dos palabras de la anatomía del cuerpo humano cuyo origen etimológico se encuentra en la botánica y que, además, resultan de lo más sugerentes: “pezón” y “glande“. El lector se preguntará qué hacía yo buscando esos términos a altas horas de la noche, pero lo cierto es que me acordé de un curso al que asistí con el gran Pablo Mugüerza en el que había salido un término médico (quizá esté relacionado con uno de ellos incluso, lo cierto es que no lo recuerdo bien) de los genitales masculinos que, efectivamente, procedía de una analogía visual con una especie de planta muy concreta. Y como llevo un par de semanas dándole vueltas a asuntos relacionados con la botánica, buscando entre esas relaciones me encontré con estas dos palabras.

Pues bien, vamos allá. ¿Qué sucede con la palabra “pezón”?

La palabra pezón tiene dos acepciones: una es anatómica y la otra es botánica. Creo que no es necesario definir lo que es un pezón; todas las personas tenemos como mínimo dos en el cuerpo (algunas personas tienen más, y el término para definir ese fenómeno es “pezones supernumerarios“). La acepción botánica del término nos lleva a la palabra «peciolo», que es el «rabillo que une la hoja con el tallo». Aquí os dejo una imagen, para que podáis ver cómo se estableció el término anatómico (que data de 1450) por analogía visual con el término botánico, que se estableció en 1385.

Algo semejante sucede con “glande” (recordemos que tanto mujeres como hombres tenemos uno). La palabra “glande” procede del latín glans, que significa literalmente «bellota». Se empezó a utilizar con significado anatómico en el siglo I d. C., pero en la Grecia antigua nuestro amigo Aristóteles ya utilizaba βάλανος (el actual “bálano”) en el s. IV a. C. en sentido anatómico, aunque también procedía de la imagen botánica de la bellota, fruto de las especies de la familia del género Quercus. De hecho, la analogía visual se produjo inicialmente en la Grecia clásica para pasar después a la lengua latina (blanum).

¿Y vosotros? ¿Conocéis más términos anatómicos cuyo origen etimológico provenga de la botánica?

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